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Quienes somos

Ni vagos Ni esclavos surge de la idea de un colectivo de jovenes preocupados por la tendencia en nuestra sociedad de eliminar el pensamiento crítico sobre la información que recibimos de la clase política y los medios de comunicación.

El único fin que perseguimos es que la persona que nos visite y nos lea reflexione y obtenga sus propias conclusiones sobre los distintos aspectos que vamos planteando.

Nuestro nombre surge de un artículo de nuestra colaboradora y amiga Anais Cid publicado el 29 de enero de 2010:

Ni vagos Ni esclavos

Nos llaman los NI-NI (Ni estudia ni trabaja). Somos la generación nacida en los 80 y, por lo visto, somos una generación vaga. Hemos perdido el valor del esfuerzo y el trabajo ya no es el centro de nuestras vidas. Esto es lo que piensan los “mayores” y algunos empresarios, se deduce de un artículo publicado hoy por el diario El País, y que titulan Un trabajo para vivir, no una vida para trabajar.

Dice el artículo que nos fijamos más en cuestiones relacionadas con los horarios y las vacaciones, o la cercanía a la casa. Esto es muy criticado por una parte de la patronal, que se lamenta de que prefiramos un buen horario a un trabajo interesante, dice una representante de Randstad que además nos recuerda que debemos asumir que no siempre se cumple el horario (que se hacen más horas quiere decir) y que, sobre todo en la etapa temprana de la vida laboral, es cuando más debemos sacrificar, porque es cuando menos experiencia tenemos.

Somos la generación mejor preparada de la historia y por eso los empresarios pueden elegir entre licenciados a patadas, así que en lo que se fijan es en la actitud. Que no es la adecuada, está claro

Pero, ¿acaso todo esto es cierto? Sí, somos la generación mejor preparada de la historia, lo que nuestro esfuerzo nos ha costado, ¿o es que piensan que los títulos los regalan? Y aún siendo los más capacitados, somos los que peores condiciones laborales tenemos. Y lo sabemos. Hemos comprobado (“gracias” a la experiencia de nuestra generación precedente) que un buen currículo no te garantiza un buen empleo. Así que no nos culpen ahora de que no queramos que el empleo se convierta en el centro de nuestra vida.

Como bien apunta el artículo, hemos crecido con la palabra conciliación. Desde instituciones, organismos, asociaciones y desde la sociedad en general se reclama esta ansiada conciliación de la vida laboral y familiar, y lo que antes parecía una utopía, para nosotros es algo lógico (al igual que lo primero que hacemos al montarnos en un coche es ponernos el cinturón o que nos damos la vuelta a mitad de camino porque nos hemos dejado el móvil en casa, porque hemos crecido con ello). Y ahora resulta que no podemos reclamar algo que desde pequeños nos han transmitido que era lo justo y necesario.

Nos han enseñado los derechos que, como trabajadores, tenemos (adquiridos gracias a las anteriores generaciones) y nos han enseñado a reivindicarlos. Otra cosa que hemos aprendido se llama dirección por objetivos, cosa que no parece que se de mucho en la realidad. Baqueras (empresario) dice que la cultura del presentismo es tercermundista, y estamos de acuerdo. Queremos ser medidos por nuestros objetivos, no por las horas de trabajo (Encarnación Maroño Adecco). Quizás si el trabajo se organizara en torno a proyectos específicos e interesantes estaríamos más dispuestos a comprometernos con las empresas.

Por otro lado, no es sólo que tengamos más conocimientos técnicos, académicos o idiomáticos. Es que también estamos mejor informados. Conocemos lo que pasa en el resto de Europa y, como europeos que somos (desde chiquititos también), lo reclamamos. Sabemos que en el resto de Europa los salarios son mucho más altos que los nuestros, cuando no los doblan. Sabemos que en el resto de Europa el horario laboral es más compatible con el tiempo de ocio y familiar de las personas. Y también queremos ser Europeos en esto.

Nos interesa el trabajo. Por supuesto que nos motiva. Y si no a ver para qué hemos pasado tantos años de nuestra vida preparándonos. Quizás sean los trabajos actuales los que no nos motiven. Nos piden compromiso y esfuerzo, pero a nosotros se nos critica por querer comprometernos con trabajos estimulantes e interesantes, a parte de comprometernos también con nuestro tiempo privado, con nuestros intereses y nuestras inquietudes. Como bien dice el vicepresidente del Consejo de la Juventud, el compromiso de un joven estará en relación con las condiciones de empleo, no con la edad.

Quizás estuvieran acostumbrados a que los trabajadores acataran las órdenes sin cuestionarlas, a que el trabajador viviera por y para la empresa y a no recibir queja alguna respecto a las condiciones laborales. Pero, lo siento, hemos aprendido y estamos preparados. Si nos piden compromiso pedimos un trabajo capaz de hacer que nos comprometamos. Queremos tan sólo lo que nos corresponde. Y si no, que no nos pidan ser esclavos.

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